EL ESCENARIO: ATACAMA, TERRITORIO DE MEMORIA Y DESIERTO VIVO
Pero Atacama es, ante todo, un territorio habitado. Sus valles transversales han sido el hogar de comunidades que aprendieron a dialogar con la escasez de agua, convirtiendo el desierto en un jardín de saberes. Desde la minería prehispánica hasta las luchas contemporáneas por la justicia ambiental, Atacama representa el desafío de la vida en el límite, lo que la convierte en el lugar más pertinente para reflexionar sobre el patrimonio rural y originario en el siglo XXI.
LAS SEDES [un SOPA itinerante]
PAIPOTE-COPIaPÓ-CALDERA-TOTORAL-PUERTO DE HUASCO-VALLENAR-FREIRINA-TAtARA ALTO- ALTO DEL CARMEN-COPIAPÓ-SALAR DE MARICUNGA
Este itineario del SOPA propone una inmersión profunda en las capas históricas y geográficas de Atacama, comenzando por el pulso industrial de Paipote y la memoria ferroviaria y minera de Copiapó, para luego abrirse hacia el litoral en Caldera, donde la Paleontología y el mar definen el horizonte. También nos internaremos en la serenidad de Totoral, un oasis de arquitectura en tierra que resiste al desierto, y nos desplazaremos hacia el Puerto de Huasco, un enclave fundamental para entender la cultura de borde costero vinculada históricamente al pueblo Chango, cuyos conocimientos sobre la navegación y la recolección marina constituyen un patrimonio vivo de adaptación al océano.
Desde allí, la travesía continúa por el eje del Valle de Huasco a través de la identidad de Vallenar y la memoria social de Freirina, un territorio marcado por la defensa de la vida y la resistencia comunitaria frente a los desafíos ambientales contemporáneos. Este recorrido cobra una dimensión sagrada al reconocer que transitamos por el corazón del territorio ancestral de la nación Diaguita, cuya presencia es vibrante en localidades como Tatara Alto y Alto del Carmen, donde la cultura campesina y el manejo del agua heredan conocimientos milenarios de los pueblos originarios. Tras regresar a Copiapó para clausurar esta edición del SOPA, nos despediremos en la majestuosidad del Salar de Maricunga, un espacio de altísimo significado espiritual y ambiental para las comunidades Colla, quienes han habitado y protegido estos ecosistemas altoandinos a más de 3.700 metro de altura, convirtiendo el cierre del congreso en un acto de respeto hacia la memoria viva y la soberanía de los pueblos que custodian la cordillera.


